Arquitectura Costarricense e Identidad Cultural

El paisaje costarricense es sorprendentemente variado, en pocas horas de viaje en automóvil se puede pasar de una espectacular vista desde la montaña al Valle Central, a un maravilloso escenario de bosque tropical húmedo en el Caribe o en el Pacífico Central y Sur, hasta el  bosque tropical seco en Guanacaste.

Así como es de variado el paisaje de este pequeño país, debido a los diferentes climas, por su altitud, proximidad al mar y otras características, así también estas zonas tienen en su arquitectura características diferentes que responden a su clima, a la influencia de las culturas ancestrales, y a las migraciones más importantes que se han dado a través del tiempo.

Estas características propias de la arquitectura de cada zona, toma muy en cuenta materiales que responden a las necesidades climáticas del lugar donde se encuentra, y presenta soluciones formales que conforman un espacio apropiado al lugar.

Así entonces podemos mencionar como propios  de cada zona, la casa de adobe y posteriormente de bahareque en el Valle Central, con sus gruesas paredes y sus techos de tejas, que producen un microclima en su interior muy agradable, minimizando los fuertes cambios de temperatura en un mismo día, y manteniendo la temperatura interna más constante, formalmente respondiendo  a un estilo colonial español bastante simplificado.

En el Caribe, las construcciones sobre pilotes expuestos, levantadas del nivel natural de suelo para defenderse de posibles inundaciones, con materiales livianos como la madera y el hierro galvanizado para ayudar a esta solución estructural, ventilación cruzada para refrescar el espacio interno, con influencia del estilo colonial inglés, también llamado Victoriano, con sus elementos decorativos y colores fuertes, extraídos de la naturaleza e influenciados por el Art Noveau, como en casi todo el Caribe.

En Guanacaste las construcciones con techo de palma con fuerte pendiente y elementos estructurales de tronco rollizo, casi sin paredes para lograr un microclima interno muy similar a estar bajo la sombra de un árbol, esos árboles con enorme sombra característicos de esta zona, y respondiendo a la arquitectura vernácula de las culturas indígenas que ocuparon Centroamérica.

Podemos concluir entonces que hablar de arquitectura costarricense es difícil por lo variado de las características de sus diferentes zonas, pero  debemos tener claro, que nuestras diferentes zonas poseen a través del desarrollo histórico de sus construcciones, elementos arquitectónicos, formales, espaciales y usos de materiales, muy apropiados a su clima y su historia, que los arquitectos costarricenses debemos tener la sensibilidad de apreciar, respetar y mantener en nuestros diseños, para mantener también esa identidad cultural, tan valiosa también como atractivo turístico, y este sería un importante aporte a una de las principales actividades económicas de nuestro país.

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